La burbuja (Historia de un experimento social, capitalista y antivasco)
      es un artículo del miembro de la RED VASCA ROJA Alfontso Martinez Lizarduikoa publicado en GARA el 17 de marzo del año 2000.


      La burbuja (Historia de un experimento social, capitalista y antivasco)

      Los ciudadanos de Donostia aún podemos recordar sin dificultad el modelo de ciudad cercano a la naturaleza, amable y próximo, del que disfrutamos hasta mediados de los años 80. Un modelo basado en un tejido social culturalmente vivo, con una población (mayoritariamente en los barrios) activa y comprometida con su tiempo, con un alto nivel de servicios públicos y con un sector joven y euskaldun muy dinámico y emprendedor, que hacía de nuestra ciudad un referente no sólo para la construcción de Euskal Herria, sino también para los estudiosos de la planificación urbana que por aquel entonces nos visitaban y que reconocían en nuestro modelo de ciudad cultural (en estrecha conexión con una provincia productiva y descentralizada), el ideal comunitario al que deberían tender las saturadas y desestructuradas ciudades de los grandes centros urbanísticos europeos y americanos.

      No han pasado veinte años desde aquellas constataciones y el ciudadano de la nueva Donostia del siglo XXI no acaba aún de salir de su asombro, cuando constata la radical transformación a la que se está sometiendo su entorno urbano, su modo de vida y de consumo tradicional, su cultura y relaciones humanas, o su derecho democrático (reconocido en la declaración de los derechos humanos de la ONU) de acceso a una vivienda digna.

      La estructura tradicional de consumo y socialización del trabajo, así como el espacio lúdico que se tejía en los barrios de Donostia, han sido triturados en pocos años con el advenimiento masivo de las multinacionales de la alimentación y con el consentimiento (y no seremos a estas alturas inocentes como para pensar que a cambio de nada) de todas las instituciones públicas, desde el Ayuntamiento, pasando por la Diputación y llegando hasta el Gobierno vasco que, recordemos, en veinte años ha sido incapaz de aprobar una legislación que regule el sector.

      Además, estas multinacionales de la alimentación lo son también del ocio. Y así vemos como de la noche a la mañana desaparecen los cines, tiendas de música o librerías de nuestra ciudad porque no pueden competir con estos monstruos que, además de poseer una impresionante maquinaria empresarial, gozan de todo tipo de favores de la Administración. Los fines de semana, la ciudad se vacía de actividad y de habitantes en un flujo incesante de autómatas que se traslada en caravanas de coches al lugar en que, unos pocos, han decidido cómo y en qué debemos gastar el dinero, y nos obsequian con una «cultura» y «gastronomía» basuras, totalmente ajenas a nuestra idiosincrasia e historia social.

      ¿Y qué hacer con una ciudad ya muerta y vacía? No. Aún no está vacía. La gente aún utiliza sus casas como dormitorio. Y aquí entra la mafia de la construcción en acción. Donostia se ha convertido en el paradigma de la especulación inmobiliaria europea. En estos últimos veinte años se ha doblado la estructura inmobiliaria urbana de la ciudad, a pesar de que su población no crece en absoluto. ¿Cómo entender esto? Los profesionales nos dicen que cada vez hay más demanda de pisos y, al parecer, los constructores (incluidos los foráneos) se pegan por construir algo aquí. ¿Cuál es la razón de esa desaforada demanda? La razón parece ser que se encuentra en el dinero negro que hay que blanquear antes de la entrada del Estado español en la estructura monetaria europea. Donostia se ha convertido, así, en la capital europea del blanqueo de dinero, hasta el punto de que los iniciados en estas labores le denominan «la burbuja», haciendo referencia a la falta de base económica de su desarrollo urbano actual. El resultado es conocido por todos, los precios de los pisos siguen subiendo sin cesar (en el 99 subieron por término medio casi un 40%), la población joven es obligada a exiliarse al extrarradio (en una nueva forma de xenofobia y racismo económico), y casi un 20% de los pisos de la capital (unos 12.000) están vacíos.

      Esta magna operación de ingeniería social también tiene sus efectos colaterales y, así, el subsuelo urbano se privatiza para carísimos aparcamientos trayendo ello, como consecuencia, la eliminación sistemática del arbolado y zonas verdes. Los mercados públicos se convierten ahora en negocios privados a la americana, en los que la raíz vasca donostiarra (incluída la lengua, por supuesto) ha sido eliminada sin contemplaciones y donde sólo les falta hablar ya en inglés, todo ello muy en consonancia con el cambio poblacional y generacional de esta ciudad, que en la transición daba unos resultados electorales de un 75% de voto nacionalista y hoy está regentada por una mayoría PP-PSOE, obsesionada en dar testimonio permanente de nuestra españolidad. Este experimento social, planificado y radicalmente antidemocrático (jamás se ha preguntado a sus habitantes la opinión sobre él), nos deja una ciudad vieja, endeudada y sin ciudadanos, convirtiendo la otrora capital cultural euskaldun en una ciudad española y de derechas (a pesar del cabreo de Odón que mandó a sus subalternos retirar todos los carteles que así lo denunciaban) y yo añadiría, además, inculta y xenófoba con la juventud y con todo aquello que huela a vasco.

      Alfontso Martinez Lizarduikoa
      Doctor en Ingeniería y filósofo

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